sábado 19 de junio de 2010

Punto y final.

No es que me sienta obligado o con el compromiso de crear algo porque llegue junio, si no que me siento con más ganas ahora, quizás más que nunca, para volver a reabrir una vez más esta pequeña parte de mi vida. Lo vuelvo a hacer coincidiendo con el fin de una temporada, no de un ciclo ya que este no ha sido más que este mismo año, pero sí de una etapa llena, plagada y valorada de grandes, grandísimos éxitos y ilusiones, tremendas ilusiones, y ganas, y pasión, y sobretodo cariño.

Me cuesta a la vez redactar y canalizar de forma coherente y ordenada todo lo que me ha sucedido al largo de estos cinco años, los recuerdos me abruman y me corren por las venas lágrimas, de alegría por supuesto, de haber podido disfrutar tanto y tanto tiempo de magníficas personas; aquéllas con las que he tenido la fortuna de compartir una pequeña parte del camino, del mío y del suyo, y que ahora llegados a este punto tienen que tomar senderos distintos. Pequeñas y no tan pequeñas, pero todas grandes en cierta medida.

Y creo que no valoramos suficiente lo que tenemos. Afirmación categórica.
Digo esto al ver los entrenos pasar, uno detrás de otro por mi miente (de los que tengo memoria), y creer que no hicimos lo correcto en ciertos momentos... Siento así pedir disculpas si en algún momento no he estado a la altura, si hubo errores, si no ví...
Os tendríais que haber merecido lo mejor. Lo mejor sobretodo para aquellos jugadores, jugadoras que me han regalado lágrimas y sonrisas; todos los que daban cualquier cosa por un sentimiento de satisfacción por el trabajo bien hecho, por una sonrisa, por una victoria del equipo, por una simple posesión del balón dejándose la piel en la dura pista...
Esto es lo que me queda, os lo habeis ganado a pulso.

El primer recuerdo inmediato es el de este último año.
Jamás, nunca, lo podré pasar por alto. No sabeis de verdad la rabia, impotencia, de no poder disfrutar de vuestra compañia al menos un año más. Me quedaré, al igual que espero que lo hagais vosotros y vosotras, de todo lo vivido (Y todo esto en mi caja de 'recuerdos', guardado con llave si hace falta, para siempre).
Aún así no puedo dejar de lado, ni mucho menos, lo que me ha dado la vida todos estos años. Me dejareis el resto que le dedique unas cuantas palabras más a este grupo...
Grupo que me dio la vida y ilusión, como entrenador y como persona. Me enseñó a hablar, a pensar, a querer como nadie lo puede hacer a todo un equipo y a todas las que lo componen. A levantarme después de cada derrota y a ser cada vez mejor.
Me contagiaron toda su ilusión, seguramente de manera inconsciente, al igual que la alegría de disfrutar con aquello que amamos. Me enseñaron humildad y sacrificio, y baloncesto.
Y no acabaría nunca de agradecerles su vitalidad, su alegría y su ilusión...

Y así extensible a todos los demás que puedo guardar, en menor o mayor recuerdo, una sonrisa asociada a su cara. Los momentos difíciles también cuentan, y mucho. Estos te enseñan a saber rectificar, a escojer prioridades y a trazar, con una pluma rígida y fuerte, el verdadero camino que se quiere seguir.
Hasta aquí ha llegado esta aventura.

Y me perdonareis que ahora sólo mencione a jugadores y jugadoras...
Hay, y es obvio, mucha más gente que mueve toda la maquinaria para que todo salga bien. Desde los delegados (grandes, grandísimos, desde fotógrafos, taxistas, estadísticos, utilleros, psicólogos, animadores... y todo esto casi sin darse cuenta), hasta padres y madres y amigos que siempre tenían, por muy difícil que fuera la derrota, una palabra de ánimo para que de nuevo levantaramos el vuelo. Nunca podré daros (y darte) todo el respeto y cariño recibido.
También estan aquellos entrenadores, compañeros de viaje y de penas, con los que aprendí a cambiar, rectificar, acertar, modificar, reir, y practicamente llorar. Sobretodo uno en especial; sobran las palabras.

Y me perdonareis que ahora sólo mencione a jugadores y jugadoras... pero es que sin ell@s yo no estaría aquí, y no sería quién soy.

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