viernes 17 de julio de 2009

Es bueno tener un fin al que dirigirse, pero es el viaje lo que importa, finalmente. -U.K.LeGuin

Iba a escribir la segunda parte de "el equipo ganador", lo tenía pensado...pero un vídeo que acabo de ver, resumen de varios años de convivencia, me ha hecho replantearme la actualización que tenía pensada y cambiarla al fin por otra.
Puede ser entonces ahora que lo que aquí escriba lo dicte mi corazón y no mi cabeza, pero no lo veo mal (almenos en esta ocasión), ya que sin un poco de sentimiento y nostalgia, como mínimo como la que siento ahora (sí, soy sensible...), estoy seguro que NADIE al final del tiempo, habrá disfrutado de sus jugador@s como lo he podido hacer yo como entrenador durante algunas cuantas sesiones (que son -muchas- cuantas sesiones).
Ahora hablo únicamente de experiencias vividas durante algunos años, de mi y de aquellas personas con las que he compartido múltiples y variadas experiencias. Es quizás otra alegoría a lo que he disfrutado y el cariño que he recibido, y que dudo que algún día se acabe. Seguro.


Hace un tiempo que leí un texto que se titulaba "Estimar a cada nen i a cada nena" ("Querer a cada niño y a cada niña). Pues bien, yo vengo (o voy, aún no estoy muy seguro) del mundo de la educación, y en el ambiente en clase o en la escuela es palpable el sentimiento de pertenecer, en pequeña o gran medida a cada una de las vidas de las personas que tienes delante, pequeñas y con mucho por descubrir, inocentes en su gran mayoría y que buscan en ti, en el maestro (en este caso), un referente en el cuál apoyarse y equilibrarse en su búsqueda por progresar, crecer, aprender. A entender, en último término, y que les ayude a madurar de una manera rica y comprometida con ellas mismas y con su entorno; a hacer de cada una una persona "integral"...
Al final de todo los meros conceptos teòricos se acaban olvidando en su gran porcentaje dentro de nuestras mentes. Queda, símplemente, el trabajo implicado en cada esfuerzo, aquella experiencia vivida y comentada poco después con gran felicidad en la sonrisa.

Y ésto lo "trasladé" al mundo del baloncesto.

No sé si habló desde la inexperiencia y con la inocencia propia de quién no lleva 20 años entrenando y de quien ha vivido de todo y con todos, no sé, supongo...
Aún así, en este puñado de años que llevo vivendo este juego desde otra perspectiva del terreno de juego y peleándome con la victoria y la derrota, conmigo mismo y hasta con los árbitros (:P), creo que he conseguido apreciar (aunque en pequeña medida, y no me quiero equivocar) el verdadero placer del baloncesto de formación; aquéllo que me aflora cada final de temporada después de recapitular todos aquellos meses anteriores y dónde la lectura crítica de todo el trabajo realizado es sencillamente obligada después de recordar todos aquellas situaciones vividas, algunas para disfrutar, otras para reflexionar. Todo aquéllo que a posteriori nos hará ser más grandes, sentirnos más grandes...
Y vuelvo a lo que he proclamado cada junio junto a ell@s, en el ritual de despedida: que un abrazo, sonrisa, simplemente picar la mano, miradas de confianza y entendimiento... Que eso es mucho, muchísimo ganado, y que muchas veces no sabemos hasta cuánto.

Alguna ocasión (y más de alguna), y cambiando ahora de escenario, veo cómo aquellos líderes en diferentes equipos de categorías infantiles, minis e incluso preminis se llevan una guerra con cada jugador y cada jugadora, dentro y hasta fuera de la pista. No lo puedo soportar, no me lo acabo de creer, no puede ser verdad.
También es cierto que desde fuera y desde una perspectiva alejada y dónde la implicación en los hechos es casi nula es tremendamente complicado llegar a emitir un juicio suficientemente valorado, productivo y correcto sobre la situación; pero es que hay veces que se nota en el ambiente, la tensión se palpa en cada mirada y eso, cada vez, me corroe y quema más por dentro.

Tenemos en nuestras manos un gran tesoro del que tenemos que cuidar, y aprender a valorarlo cada día más si cabe. El buen camino nos lo da la experiencia, las ganas de progresar, la vicisitud de cada entrenamiento y partido y la vida (-por supuesto-) ya fuera de la pista también con cada un@ de nuestr@s jugador@s.

Entrenadores hay que no se quieren implicar fuera de ésta, que creen que su trabajo se acaba al salir del vestuario y que no tienen por qué entrometerse en vidas ajenas.
Pero es que sinceramente se equivocan.
¡Y no se equivocan porque lo hagan mal! Porque toda acción justificada, si está bien y es adecuada y coherente puede perfectamente ser correcta.
¡Se equivocan porque se estan perdiendo un mundo quizás aún mayor del que puedan encontrar en la pista! Recordemos que seguimos siendo formadores y que nuestra faena no acaba simplemente después de la ducha. Almenos eso es lo que entiendo yo por este significado, decidme iluso. Y esto es una crítica, sí.
Y seguro que ahora hay alguien también que piensa que la relación entrenador-jugador@ tiene unos límites, y que no hay que traspasar allá dónde parece que nosotros no tenemos competencia... y por supuesto que sí, pero seamos consecuentes; este mismo límite se crea día a día, se crea con el respeto mútuo, con acciones coherentes, concisas y convenientes. Se crea con el cariño y la pasión otorgada hacia cada una de estas personas dentro y fuera de la pista. Únicamente así, y a mi entender en estas edades, conseguiremos unos resultados multiplicado por mucho que si simplemente nos enclaustramos y nos cerramos en nuestro mundo.
El poder ya lo tenemos, ell@s ya lo saben y nosotros también, no abusemos de él, dediquémonos a disfrutar con ell@s. Al final será más productivo para tod@s.


Ahora creo (o espero) que aquellos líderes más sabios me den la razón en mis palabras. Si no lo hacen y no me convencen seguiré actuando como hasta ahora, tampoco me preocupa demasiado, la verdad. Y es que ya no sólo es por mí, si no por un crecimiento integral de cada niño y cada niña que pueda tener la oportunidad de intentar mostrarle o guiarle en algo nuevo, porque el cariño, el amor, mueve fronteras y crea, al fin, personas sabias.

Nuestra coraza hacia los demás puede ser de hierro, pero también estaría bien plantearnos si esa es la mejor solución para que puedan aprender algo provechoso de nosotros, que les pueda servir en un futuro... y que luego les facilite jugar a baloncesto.

6 comentarios:

  1. Actúa como hasta ahora, sin que te influya en lo más mínimo la opinión de los demás. Yo, como jugador/a de baloncesto tengo que decir que ésto es mi vida. Me gusta que los entrenadores se preocupen por algo más que una lesión o que hago pasos de salida. Quiero que sepan ser como tú, atento con tus jugador@s tanto dentro como fuera de la pista.

    ResponderSuprimir
  2. Personalmente, supongo que aunar el hecho de jugar y entrenar a la vez me ha hecho ver esta parte de la convivencia, tan importante para el resultado final pero tan descuidada a veces en edades tempranas.

    Luego, por tus palabras se desprende que tú harías lo mismo... ;)

    ResponderSuprimir
  3. mientras no los sodomices todo va bien.

    ResponderSuprimir
  4. Hola!

    Leyendote a mi se me vienen a la cabeza mis recuerdos de jugador (como a anonimo) y la verdad es que a la larga, incluso en un aspecto de formación técnico-táctica, los entrenadores que más me han marcado han coincidido con los mas implicados con la vida del equipo. Quizás sea posible formar sin implicarse a cortas edades (o implicandose solo en la pista) pero es algo que yo no he vivido nunca...tampoco he llegado a un gran nivel, todo hay que decirlo.

    Un saludo

    PD: Es la primera vez que te leo pero no la última, seguiré colandome por aqui. Felicidades por el lugar.

    ResponderSuprimir
  5. Para cincoinicial... Y de estas etapas tienes un buen recuerdo? Aprendiste alguna cosa que te sirvió en el futuro?
    Quizás puede que al priorizar esta convivencia estemos supeditando la formación técnico-táctica...

    Para anónimo (2), por qué tendría que sodomizarl@s? No acabo de entender el trasfondo ;)

    ¡Un saludo!

    ResponderSuprimir
  6. Pues el recuerdo es el mejor como decía antes, la sensación de pertenecer a un grupo y crecer como tal es algo especial, sin duda.

    Claro que he aprendido cosas. Siempre he tenido mucho interés por el basket (clinics, entrenamientos, partidos de cantera, viajes con mi equipo..) pero, quizás por el hecho de que con poca edad las cosas se viven con mucha más intensidad (que es lo que hace tan importante la labor de cantera, no sé si pensáis igual) siempre he tenido en mente muchísimas cosas que aprendí cuando empezaba a jugar a esto.

    Un saludo

    ResponderSuprimir